Falta de responsabilidad social empresarial

Parece que nadie ha roto un plato. Todos somos santos o filántropos, sin ética empresarial. Nuestra única función en la vida es la de hacer el bien a los demás y favorecer la felicidad social. Los periódicos y las publicaciones especializadas se llenan de caras inocentes, que no dudan en defender su rol de victima. Qué curioso, todos somos victimas y nadie es el victimario.

 

Si los iconos de manager ideal son los que en mayor medida han intentado zafarse de los errores de sus tomas de decisión, qué modelo es el que transmiten. Ahora resulta que yo, como alto directivo, tengo impunidad divina y una patente de corso que me permite realizar cualquier tropelía empresarial. Tengo la espalda blindada con primas desproporcionadas que, de hecho, son un premio a mi incompetencia.

¿A quién le interesa mantener este sistema de liderazgo empresarial? A los sujetos que se benefician de él, por supuesto. ¿Pero estos son los líderes que deseamos seguir?

En estos momentos surgen mil fórmulas y slogans que pretenden dar solución fácil a un problema crítico. Todos sabemos que eso es inviable, pero nos aferramos a esas propuestas porque vienen avaladas por gurús. Antes de adoptarlas a la desesperada cabría reflexionar: ¿Son las soluciones que necesitamos para nuestra empresa? ¿Responsabilidad Social Empresarial?

Hay quien apunta que la única solución ante la crisis es la imaginación. También hay quien propaga que el caos empresarial no se debe a una crisis financiera, sino a una crisis emocional. Pero aún no hemos oído una voz que diga que contra la crisis, primero hay que asumir la responsabilidad de los fallos y más tarde depurar esa responsabilidad. De lo contrario, es fácil transitar esta fase sin haber profundizado en los motivos de la misma y, por lo tanto, estar expuestos a una repetición de los errores (tanto los involuntarios como los provocados, que “haberlos haylos”)

 

¡Qué doloroso es asumir los errores propios! Pero qué pensar de quien sólo se encarga de señalar culpables a su alrededor, exculpándose de cualquier equívoco. Pues que no cumplía con sus funciones de dirección o que delegaba las decisiones por incompetencia personal o que sólo le interesaba figurar sin arremangarse la camisa o etc, etc, etc.

Todo esto lo podemos sintetizar en una expresión: Esa persona ha sido una irresponsable. Ha sido incapaz de dar respuesta a las necesidades de su puesto. No hay nada peor para una empresa que alimentar el pozo ciego de la irresponsabilidad. En este momento pagamos la consecuencia de haber premiado a los irresponsables.

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