EL VALOR DE LA ÉTICA EMPRESARIAL

En muchas organizaciones se ha dado un paso relevante a la hora de dar cabida a la ética empresarial dentro de su estructura. La empresa, concienciada de que el cuidado de sus miembros es el factor esencial para la adquisición de objetivos consensuados, ha comenzado a abandonar prejuicios y resquemores infundados respecto de la ética ,ya que ésta ha mostrado su valor práctico a la hora de buscar y hallar las justificaciones que sustentan la tomas de decisiones de las personas que componen la organización.

Por supuesto este cambio de valoración pasa por reconocer el nuevo escenario corporativo, en el que las empresas son agentes morales activos que deben responsabilizarse de sus actos y derivaciones. Veamos, según Marvin T. Brown, hasta que punto la ética es capaz de proporcionar herramientas de autoanálisis a las organizaciones al perfilar que los actos se llevan adelante tras una toma de decisión, en la que la organización tiene que demostrar su capacidad para:

1- Ser capaz de configurar y llevar a cabo multiples elecciones.

2- Disponer de un conjunto de elecciones viables.

3- Dar justificación de de las elecciones asumidas.

4- Hacer uso de justificaciones basadas en normas vigentes y aceptadas.

El valor de la práctica ética se acrecienta cuando se considera a la empresa como un espacio en el que la toma de decisiones afecta a una colectividad que pretende manifestarse unida y en constante comunicación. Este hecho permite que las consecuencias derivadas de las condiciones presentes en cada toma de decisión, dependan de los intrelocutores implicados. Es decir, quienes actuan en el proceso de decisión interpretan los datos de una manera específica, motivados por diferentes factores. Dependiendo de esos factores el resultado de la decisión puede variar, lo que evidencia la importancia en la libre decisión de los partícipes y gestores. Cuantas más perspectivas se sumen a la toma de decisión menor margen para la arbitrariedad queda, de este modo se aseguran las justificaciones claras que permiten establecer la ruta de responsabilidades. Los actos no ocurren por ciencia infusa, siempre son propiciados por un responsable.

La importancia de esta conclusión es profunda, pues nos recuerda que sólo es responasble quien tiene la facultad de actuar libremente a partir de un abanico de elecciones asumidas como propias. A raíz de esto difícilmente podremos decir que un grupo de operarios son los responables directos de la baja productividad o que los consumidores son los únicos responsables de la degradación medio ambiental.

En definitiva, mediante la intervención y el análisis práctico-filosófico las organizaciones son capaces de diseñar procedimientos para la toma de decisiones basados en un esquema de responsabilidades definido y caracterizado por la implicación compartida de todos los implicados.

Es cierto que la responsabilidad social empresarial vende, pero no es menos cierto que la ética ofrece el grado de racionalidad necesario para hacer que las acciones corporativas no se rijan por im-pulsos arbitrarios o sesgados de difícil justificación social.

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